Ganar una Copa Libertadores no es sólo un logro deportivo, es también el reflejo de un proceso, de convicciones y de un trabajo silencioso que, en el momento justo, da frutos. Así lo vive hoy Felipe Salinas, Alumni de Geografía PUCV, quien recientemente se consagró campeón de la Copa Libertadores Sub20 junto a Santiago Wanderers.
Para Felipe, este triunfo representa mucho más que un título: «Es un sueño cumplido. Cuando comenzó este proceso, nuestro objetivo era competir porque sabíamos el nivel de los equipos que enfrentábamos. Pensar en ser campeones era difícil, pero a medida que avanzó el torneo fuimos creyendo más en nosotros».
El camino no fue sencillo. El equipo debió enfrentar a rivales con mayores recursos, cuerpos técnicos más numerosos y estructuras más robustas. «Nosotros éramos ocho en el cuerpo técnico, mientras que otros equipos tenían 15 o 20 personas. Eso nos obligó a multiplicarnos, a optimizar cada recurso y a confiar mucho en nuestro trabajo».
El título no fue casualidad. Se trata de un proceso que comenzó tiempo atrás, cuando el equipo empezó a consolidar una identidad de juego y una forma de trabajo. «Este camino se venía construyendo desde el año pasado. Fuimos generando confianza, conocimiento del grupo y una idea clara de juego. Eso fue clave para llegar preparados a una competencia tan exigente».
Si hay algo que definió al equipo campeón fue su carácter. «La principal característica fue la valentía y la entrega. Éramos un equipo que no daba ninguna pelota por perdida, que exigía al máximo en cada partido. Eso, junto con el trabajo táctico, nos permitió competir de igual a igual con todos».
Este logro, además, tiene un valor histórico: Santiago Wanderers se convirtió en el primer equipo chileno en obtener este título con un entrenador nacional, un hecho que llena de orgullo a Felipe. «Somos un equipo de la B, con menos recursos, pero con mucho trabajo y dedicación logramos algo soñado. Eso habla del comromiso de los jugadores y del grupo humano que se formó».
Con respecto al futuro, el técnico tiene claro que el desafío recién comienza. «Ahora los jugadores van a volver a sus categorías y muchos no van a ser titulares de inmediato. Ahí es donde viene la prueba real: demostrar en el día a día que están preparados para competir en el primer nivel».
En ese sentido, el foco estará en acompañarlos en ese proceso. «No sirve de nada haber hecho una gran Copa si después no logran sostener ese nivel. Tenemos que ayudarlos a mantener la competitividad, la disciplina y la mentalidad para seguir creciendo».
Para Felipe, esta experiencia no sólo deja un título, sino también una huella profunda en su desarrollo profesional y personal. «Fue una experiencia de vida única. Liderar a un grupo durante 20 días en alta exigencia no es fácil, pero fue tremendamente enriquecedor. Me deja tranquilo y confiado en que el trabajo bien hecho siempre tiene su recompensa».
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