Convertirse en la primera mujer en asumir la gerencia general de Fondo Esperanza es el más reciente hito en la trayectoria de Karina Gómez, Alumni de Trabajo Social PUCV. Con una carrera desarrollada durante casi dos décadas en la institución, hoy lidera una organización que acompaña a cerca de 160 mil emprendedoras y emprendedores a lo largo de Chile. «Soy la primera mujer en asumir este cargo y también una trabajadora social liderando una institución financiera. Eso demuestra que el liderazgo puede construirse desde trayectorias distintas y que la diversidad de miradas fortalece a las organizaciones cuando tienen un propósito claro», destaca.
Desde su llegada a Fondo Esperanza, Karina tuvo la oportunidad de asumir distintos desafíos y participar en el desarrollo de iniciativas que buscaban aportar a la superación de la pobreza. Uno de los momentos más significativos de su carrera fue liderar la respuesta institucional tras el terremoto de 2010, experiencia que la enfrentó a un escenario de alta complejidad y que fortaleció su capacidad para tomar decisiones, coordinar equipos y transformar las soluciones desarrolladas en modelos replicables. «Cuando el propósito es claro, somos capaces de hacer mucho más de lo que creemos», recuerda.
Otro momento decisivo llegó hace quince años, cuando asumió la Gerencia de Desarrollo y pasó a liderar a quienes hasta entonces habían sido sus pares. Fue allí donde comenzó a entender el liderazgo basado en la confianza y el desarrollo de los equipos. «Con el tiempo entendí que el liderazgo no consiste en ser quien más sabe, sino en ser capaz de construir equipos donde las personas puedan desplegar todo su talento», explica.
Ese recorrido la llevó a asumir progresivamente mayores responsabilidades dentro de fondo esperanza, siempre desde una mirada que combina su formación en las ciencias sociales con la gestión y las finanzas. Para Karina, haber desarrollado su carrera como trabajadora social dentro de una institución financiera no fue una limitación, sino una oportunidad para incorporar una perspectiva distinta. «Las mejores decisiones se toma cuando incorporan el conocimiento de las personas, sus contextos y las barreras estructurales que enfrentan para desarrollarse», sostiene.
En este camino, su formación en la PUCV también ha tenido un papel fundamental. Durante sus años como estudiante de Trabajo Social, adquirió herramientas que aún utiliza en su ejercicio profesional, especialmente el pensamiento crítico, la reflexión sobre la práctica y la capacidad de abordar los problemas desde distintas perspectivas. «La universidad me enseñó, sobre todo, a pensar», afirma.
Hoy, desde la gerencia general, uno de sus principales desafíos será ampliar el impacto de Fondo Esperanza y avanzar hacia una organización capaz de llegar a más personas sin perder el propósito que ha guiado su trabajo. Su meta es alcanzar próximamente a 200 mil emprendedoras y emprendedores, pero también fortalecer la incidencia de la institución en las políticas públicas y aportar a un sistema financiero más inclusivo. «No basta con acompañar a quienes enfrentan esas barreras; también debemos contribuir a transformarlas», enfatiza.
Esta nueva etapa también representa para Karina la posibilidad de seguir impulsando un modelo de desarrollo económico basado en la colaboración, la inclusión y la economía social y solidaria. Después de años acompañando a emprendedoras y emprendedores, sostiene que el desafío no está únicamente en entregar herramientas financieras, sino en contribuir a generar mejores condiciones para que las personas puedan desarrollar sus proyectos y comunidades.
Desde esa experiencia, su mensaje para los estudiantes y titulados PUCV que están construyendo su camino profesional es claro: «No dejen que las probabilidades definan sus decisiones». Karina reconoce que el origen social, el género, las redes o incluso la profesión escogida, pueden influir en las oportunidades, pero invita a no permitir que esas condiciones determinen hasta dónde llegar.
«Necesitamos que muchas más mujeres se atrevan a ocupar esos espacios de influencia, convencidas de que no tienen que parecerse a nadie para ejercer un liderazgo valioso y transformador», señala. Una invitación que también refleja su propia trayectoria: atreverse a ocupar espacios que alguna vez parecieron poco probables y, una vez allí, abrir camino para que muchas y muchos más puedan hacerlo.
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